PRETENDE COMPARTIR E INTERCAMBIAR CONOCIMIENTOS PARA EL DESARROLLO DEL FÚTBOL MUNDIAL.
sábado, 13 de marzo de 2010
OTRA FORMA DE ENTENDER EL FUTBOL
ORGANIZACIÓN EN FRACTAL
El fútbol se puede explicar a partir de una organización fractal. De alguna manera se trata de procesos geométricos repetidos y que interaccionan entre sí, dando lugar a otras formas geométricas más complejas.
A nuestro entender la forma geométrica elemental está constituida por tres jugadores atacantes y
sus correspondientes tres defensores (todos ellos con sus diferentes roles).
Esta estructura presenta prácticamente toda la información necesaria para comprender la complejidad del todo.
ENTRENAMIENTO: ¿FORMACIÓN DE PATRONES EN LA MEMORIA?
El entrenamiento deberá proporcionar la interacción adecuada entre los cambios estructurales a nivel bioquímico y bioeléctrico en el cerebro. De este modo se construirán progresivamente los recuerdos. Un patrón se va a formar a partir de los recuerdos de diferentes experiencias con puntos en común, los
cuales llegarán a constituir un patrón de memoria.
jueves, 11 de marzo de 2010
LA CONCENTRACION Y DISCIPLINA SERA MAS IMPORTANTE QUE EL TALENTO EN EL FUTBOL
A veces, mi mente, en lugar de centrarse en el juego y ayudarme a mantener la tensión y la concentración necesarias como era su obligación, se distraía dedicándose a boicotearme descaradamente. Me decía cosas como; 'seguro que fallas', 'vaya día que tienes', 'fijo que no la rematas'... y demás lindezas o, sencillamente, se ponía a pensar en otras cosas. Todo esto me hacía perder confianza y seguridad, me sacaba del partido y, en ocasiones, me llevaba al bloqueo y a la inacción, por miedo a que se cumplieran las negativas previsiones de mi caprichosa mente.
Había partidos (muy pocos) en los que conseguía alcanzar un nivel superior de percepción sobre todas las variables que inciden en el juego. Casi podía anticipar lo que iba a pasar en cada momento, viendo las jugadas y los pases con un segundo de antelación a que sucediesen.
Esos días, coordinaba con exactitud trayectorias y saltos en las disputas aéreas, interceptaba los pases, me anticipaba y realizaba las entradas con gran precisión, estaba perfectamente situado en la trayectoria idónea de cada centro... parecía un imán al que llegaban todos los balones. El fútbol parecía más fácil, más sencillo. Se generaba una sensación de fluidez, como si todo lo que sucediese en el campo estuviese bajo mi control. Esos días, jugar era un placer.
En mi opinión, ese es básicamente el efecto de la concentración. Es como un 'potenciador de la percepción', que hace que parezcas más rápido, más fuerte e, incluso, te ayuda a tapar tus carencias técnicas ya que, estar concentrado, te permite anticipar la jugada, lo que te da un 'bonus' de tiempo para decidir la acción técnica más adecuada y ejecutarla convenientemente. Concentrado, eres mucho mejor jugador.
Por desgracia, ese estado de concentración ideal no es fácil de conseguir y, desde luego, no se alcanza tan solo deseándolo, ni tampoco repitiendo una y otra vez 'tenemos que estar más concentrados'. Puedo confirmar que tampoco es especialmente eficaz el golpe en el pecho al grito de '¿¿joé, hay que estar más puestos!!' ni, mucho menos, nombrar a los antepasados de tal o cual jugador para que esté más atento.
La concentración en un partido es como la luz en una gran tormenta; viene y se va. El reto consiste en aprender a mantenerla durante la mayor parte del tiempo (los 90 minutos a poder ser) ya que el fútbol es un juego imprevisible y, en cualquier momento, se puede dar la acción decisiva, siendo ese instante el que requiere que estés conectado, encendido, concentrado.
Lo cierto es que, aunque la táctica desempeña una función esencial en un juego de equipo, finalmente todo se reduce a un 'uno contra uno', en el que tú te la juegas con tu contrario. En el remate, en la entrada, en la disputa, en el regate, en la anticipación o en la estrategia, conseguir que tu mente esté al 100% de tu parte es vital para ganar ese metro, o esa décima de segundo, que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso en el fútbol.
Considero que el autocontrol mental es la clave para mantener la concentración, y eso es algo que deberán tener en cuenta hoy los futbolistas del Madrid. Un jugador necesita disponer de las herramientas necesarias para poder reconocer y gestionar convenientemente todos los estados emocionales que genera la competición, de forma que pueda mantener la mente limpia de parásitos mentales e imágenes negativas, centrándose en el desarrollo eficaz de su tarea. Eso también es un aprendizaje que se puede y debe entrenar desde las primeras etapas de formación.
En mis últimos años como jugador, ya era bastante capaz de sujetar al potro (mi mente) durante un partido y, cuando notaba que comenzaba a desbocarse, volvía a controlarlo centrando mi atención en las tareas más sencillas, sin complicaciones. En esas ocasiones, se trata de simplificar. Sumar y restar, multiplicar para más adelante y de dividir, ni hablamos.
IMANOL IBARRONDO
martes, 9 de marzo de 2010
UNA NUEVA DEFINICION DE TALENTO PARA EL FUTBOL
Conozco a muchos futbolistas profesionales a los que no les gusta el fútbol (Ronaldo asegura que no ve partidos en televisión porque le aburre). Algunos lo reconocen y otros no, pero la realidad es que, si no vives tu profesión con pasión, si no tienes alegría, entusiasmo e ilusión por aprender, si no te preocupas por mejorar en cada entrenamiento y por rendir más en cada partido, es imposible que puedas desarrollar al máximo todas tus capacidades para jugar al fútbol. Esto no implica que puedas ser un buen jugador, pero nunca llegarás a ser el jugador que podrías haber sido.
Creo que, en general, se confunde el talento con las capacidades técnicas de un futbolista. En mi opinión, el talento es un concepto dinámico que requiere mucho más que una exquisita calidad técnica individual o una visión de juego superior. Se podría considerar que estos son requisitos necesarios, pero no suficientes, para ser un jugador de talento. Estas capacidades, las aptitudes, no sirven de mucho sin la voluntad necesaria para la mejora continua, la pasión por el juego, la disposición para el esfuerzo y el sufrimiento o la resistencia frente a la adversidad.
Teniendo esto en cuenta, habría que reconsiderar las pruebas de selección de jugadores en etapas de formación y dar mayor importancia a otros apartados, además de las capacidades técnicas o la velocidad, para no cometer el error de enfocar únicamente en estas cualidades la búsqueda del talento. Los aspectos intelectuales y de personalidad deberían ser variables a tener muy en cuenta. Si tuviera que seleccionar entre candidatos de similares capacidades técnicas (en cualquier ámbito laboral), elegiría sin dudar a personas creativas, con iniciativa y dosis industriales de energía, optimismo, vitalidad y entusiasmo.
Elegiría jugadores que 'vivan' el fútbol, que sueñen con ser protagonistas de jugadas antológicas hasta el día que se retiren (e incluso después), con remates increíbles, con meter goles decisivos, con ganar la Champions, Ligas y Copas, que no se aburran nunca hablando de fútbol y mucho menos viéndolo... que vivan el fútbol apasionadamente.
'Vivir el fútbol' significa respirar fútbol por todos los poros del cuerpo, no digo que sea lo único de tu vida (no debe serlo) pero, familia al margen, sí debería ser lo primero. Significa respetar y cuidar tu herramienta de trabajo (tu cuerpo), respetar lo que eres y lo que representas (tu imagen). Significa cuidar y entrenar tu mente para poder competir al máximo nivel y disfrutar a tope de tu profesión.
Para todo esto, hace falta sentir 'pasión por el fútbol' y también desarrollar una capacidad latente que se trabaja poco; la inteligencia. Y no me refiero a la inteligencia como coeficiente intelectual, sino a la capacidad para entender el juego (parece fácil, pero no lo es), para conocer en profundidad tus fortalezas y debilidades y para desarrollar herramientas de autocontrol mental que te ayuden a mejorar y a competir en condiciones.
En mi opinión, todo esto significa estar comprometido con tu profesión y con tu club, por lo que se podría definir el talento como la capacidad más el compromiso. La una sin el otro no alcanza. Un jugador de talento pone el alma en lo que hace, siente lo que hace y lo contagia al resto de equipo. En definitiva, ama el fútbol.
El futbolista debería saber que, mientras la mayoría de los mortales soñamos nuestra vida y nos esforzamos por perseguir nuestros sueños, él dispone de una oportunidad de oro para vivir el de todos; ese es su privilegio y debería aprender a disfrutarlo. Por él. Por todos
IMANOL IBARRONDO
EN EL FUTBOL NECESITAMOS JUGADORES LEONES O OVEJAS
El león que balaba
El Dr. Fredy Kofman cuenta en sus conferencias una antigua leyenda en la que un cachorro de león, por motivos que no vienen al caso, se crió entre un rebaño de ovejas donde fue aceptado como uno más. Le querían mucho, le cuidaban, se preocupaban por el, y así fue creciendo, hasta que un día, una manada de leones atacó el rebaño y encontró al leoncito.
Uno de los leones, asombrado y ofendido ante el descubrimiento, decidió adoptarle para hacerse cargo de su educación y ayudarle a descubrir su auténtico Ser. Le enseñó a cazar y a comer carne... fue duro al principio pero, poco a poco, el leoncito fue sintiéndose cada vez mejor. Su tutor también trabajó con él para que rugiera en lugar de emitir ese absurdo y estúpido ruidito impropio de un León (grrrbeee...). Finalmente, consiguió que lanzara un sonoro rugido que sorprendió a toda la manada, incluso a sí mismo. Por fin había descubierto su auténtico Ser. Era un León.
El León y la Oveja de esta fábula reflejan dos formas diferentes de ser en la vida... y en el fútbol. La oveja destaca por ser un ser pusilánime y abandonado a su suerte. Ella está ahí, pastando, preparándose para servir de alimento a los leones. Las circunstancias son así y, ante eso, solamente cabe la resignación. Quizá haya también sitio para un poquito de resentimiento y de queja permanente. La excusa, así como la falta de culpa y de responsabilidad, son también rasgos distintivos de la Oveja. Soy una víctima.
Lo bueno de no tener la culpa y de no ser responsable, es que uno es inocente pero, el precio de la inocencia es la impotencia. No puedo hacer nada. Beee, beee.., soy una oveja.
El León (todos lo somos alguna vez) acepta la realidad como es, pero decide y elige qué hacer para hacer frente a las circunstancias que le toca vivir en cada momento. No se resigna, actúa. Elegir le genera ansiedad, pero la controla. Tiene miedo a equivocarse, pero lo supera. Puede fracasar, porque hay elementos incontrolables que no dependen de él para conseguir el éxito, pero le reconforta el orgullo de ser auténtico y fiel a sí mismo. El sonoro rugido del leoncito de la leyenda significa que, en ese momento, deja de ser una Oveja y se hace responsable de su vida y de sus circunstancias.
El Club-oveja -no solo los que juegan-, también podría actuar y re-descubrir su auténtica y genuina naturaleza; la de un León indomable. Recuperar el carácter pionero y audaz que le llevó a conseguir grandes gestas. Reconocer que lo que antes valía, ya no vale. Buscar nuevos modelos y fórmulas de funcionamiento. Probar nuevas metodologías y sistemas de entrenamiento. Incorporar novedades. Adaptar y actualizar filosofías y señas de identidad. Moverse. Ilusionar. Innovar, porque quien rechaza la innovación, está eliminando todas las posibilidades de progreso y mejora.
En una época en la que los cambios se suceden, la capacidad de adaptación se convierte en una competencia básica que requiere flexibilidad, valentía, confianza y seguridad, así como una disposición de apertura al cambio que está íntimamente relacionada con la innovación. Ser una Oveja no es una opción.
Cada uno de nosotros lleva un León dentro... pero es más cómodo ser Oveja. Así, los aficionados-oveja podemos estar lamentándonos continuamente por la situación del Club, buscando excusas....que hay muchos extranjeros en el fútbol, que los directivos lo hacen todo mal, que hay pocos niños, que solamente jugamos con vascos o jugadores de la cantera... (ponga Ud. aquí la que más le guste). Proclamamos a voz en grito nuestra inocencia y, por lo tanto, nuestra impotencia. No somos culpables. Las circunstancias son así y no podemos hacer nada. “Es que, es que...beee, beee”. Ovejas. Lo único que hacemos es esperar a que venga el León y nos devore.
Quizá ahora tengamos una nueva oportunidad. Debemos evitar la inercia que, por temor a las consecuencias, hace que interpretemos erróneamente los signos que presagian los cambios..., aún cuando éstos resulten ya evidentes. Si no tomamos las decisiones a tiempo, el tiempo las tomará por nosotros. Es una excelente oportunidad para quienes no tienen miedo a reconocer lo que no funciona, ni a enfrentarse con la incertidumbre que provoca lo nuevo o lo desconocido. Para los que no se limitan a poner excusas y justificaciones. Es tiempo de valientes. Es tiempo de innovadores. Es tiempo de Leones.
De momento, sería un buen comienzo que, el próximo domingo, cuando los que salten al campo se miren en el espejo al final del partido, independientemente del resultado, pudieran decir al tipo que ven enfrente: “Estoy muy orgulloso de cómo te has comportado hoy. Has sido un auténtico León”. Posiblemente con eso, sería más que suficiente.
El Dr. Fredy Kofman cuenta en sus conferencias una antigua leyenda en la que un cachorro de león, por motivos que no vienen al caso, se crió entre un rebaño de ovejas donde fue aceptado como uno más. Le querían mucho, le cuidaban, se preocupaban por el, y así fue creciendo, hasta que un día, una manada de leones atacó el rebaño y encontró al leoncito.
Uno de los leones, asombrado y ofendido ante el descubrimiento, decidió adoptarle para hacerse cargo de su educación y ayudarle a descubrir su auténtico Ser. Le enseñó a cazar y a comer carne... fue duro al principio pero, poco a poco, el leoncito fue sintiéndose cada vez mejor. Su tutor también trabajó con él para que rugiera en lugar de emitir ese absurdo y estúpido ruidito impropio de un León (grrrbeee...). Finalmente, consiguió que lanzara un sonoro rugido que sorprendió a toda la manada, incluso a sí mismo. Por fin había descubierto su auténtico Ser. Era un León.
El León y la Oveja de esta fábula reflejan dos formas diferentes de ser en la vida... y en el fútbol. La oveja destaca por ser un ser pusilánime y abandonado a su suerte. Ella está ahí, pastando, preparándose para servir de alimento a los leones. Las circunstancias son así y, ante eso, solamente cabe la resignación. Quizá haya también sitio para un poquito de resentimiento y de queja permanente. La excusa, así como la falta de culpa y de responsabilidad, son también rasgos distintivos de la Oveja. Soy una víctima.
Lo bueno de no tener la culpa y de no ser responsable, es que uno es inocente pero, el precio de la inocencia es la impotencia. No puedo hacer nada. Beee, beee.., soy una oveja.
El León (todos lo somos alguna vez) acepta la realidad como es, pero decide y elige qué hacer para hacer frente a las circunstancias que le toca vivir en cada momento. No se resigna, actúa. Elegir le genera ansiedad, pero la controla. Tiene miedo a equivocarse, pero lo supera. Puede fracasar, porque hay elementos incontrolables que no dependen de él para conseguir el éxito, pero le reconforta el orgullo de ser auténtico y fiel a sí mismo. El sonoro rugido del leoncito de la leyenda significa que, en ese momento, deja de ser una Oveja y se hace responsable de su vida y de sus circunstancias.
El Club-oveja -no solo los que juegan-, también podría actuar y re-descubrir su auténtica y genuina naturaleza; la de un León indomable. Recuperar el carácter pionero y audaz que le llevó a conseguir grandes gestas. Reconocer que lo que antes valía, ya no vale. Buscar nuevos modelos y fórmulas de funcionamiento. Probar nuevas metodologías y sistemas de entrenamiento. Incorporar novedades. Adaptar y actualizar filosofías y señas de identidad. Moverse. Ilusionar. Innovar, porque quien rechaza la innovación, está eliminando todas las posibilidades de progreso y mejora.
En una época en la que los cambios se suceden, la capacidad de adaptación se convierte en una competencia básica que requiere flexibilidad, valentía, confianza y seguridad, así como una disposición de apertura al cambio que está íntimamente relacionada con la innovación. Ser una Oveja no es una opción.
Cada uno de nosotros lleva un León dentro... pero es más cómodo ser Oveja. Así, los aficionados-oveja podemos estar lamentándonos continuamente por la situación del Club, buscando excusas....que hay muchos extranjeros en el fútbol, que los directivos lo hacen todo mal, que hay pocos niños, que solamente jugamos con vascos o jugadores de la cantera... (ponga Ud. aquí la que más le guste). Proclamamos a voz en grito nuestra inocencia y, por lo tanto, nuestra impotencia. No somos culpables. Las circunstancias son así y no podemos hacer nada. “Es que, es que...beee, beee”. Ovejas. Lo único que hacemos es esperar a que venga el León y nos devore.
Quizá ahora tengamos una nueva oportunidad. Debemos evitar la inercia que, por temor a las consecuencias, hace que interpretemos erróneamente los signos que presagian los cambios..., aún cuando éstos resulten ya evidentes. Si no tomamos las decisiones a tiempo, el tiempo las tomará por nosotros. Es una excelente oportunidad para quienes no tienen miedo a reconocer lo que no funciona, ni a enfrentarse con la incertidumbre que provoca lo nuevo o lo desconocido. Para los que no se limitan a poner excusas y justificaciones. Es tiempo de valientes. Es tiempo de innovadores. Es tiempo de Leones.
De momento, sería un buen comienzo que, el próximo domingo, cuando los que salten al campo se miren en el espejo al final del partido, independientemente del resultado, pudieran decir al tipo que ven enfrente: “Estoy muy orgulloso de cómo te has comportado hoy. Has sido un auténtico León”. Posiblemente con eso, sería más que suficiente.
LA MENTE HACE LA DIFERENCIA
Hace un mes, Camilo Villegas y su entrenador mental (asesor) inventaron un juego.
Por cada putt consecutivo que hiciera, Gio Valiante, su asesor, le entregaba una moneda simbólica de plata, algunas veces de oro. Y así Camilo hizo una docena en línea, de diferentes distancias.
Luego, el juego fue que cada vez que Camilo fallara un putt , tendría que entregarle 100 dólares a su entrenador Valiante. Al tercero ya estaba fallando.
¿La lección? "Villegas juega mucho mejor cuando lo hace con nada por perder", explica Valiante.
Esta historia, que trae la PGA tras el triunfo del colombiano en The Honda Classic, marca la forma en la que ha mejorado el juego de Villegas, desde lo mental.
"Camilo tiene una historia de sobre pensar su putt" , dice el entrenador Valiante, en la nota que hace el periodista Brian Wicker. Según él, todo comenzó a cambiar desde el Mundial Match Play luego del juego de las monedas de plata. Empezó a jugar sin nada que perder.
"Villegas gastaba mucho tiempo en mirar en qué lugar estaba en el ranquin mundial. Eso equivale, mentalmente, a jugar a la defensiva. Si tu juegas a no hacer malos tiros, estás terminado".
Según cuenta el coach Valiante, que trabaja con él desde su primer año en el circuito PGA, en los años anteriores, simplemente quería terminar las temporadas. Este año es sobre su actuación.
Cambió su calendario. Jugará menos torneos en 2010 y limitará sus apariciones por fuera de la cancha.
Santiago Hernández Henao. El Colombiano
jueves, 25 de febrero de 2010
PEDRO Y EL HILO MAGICO
Pedro era un niño muy vivaracho. Todos le querían: su familia, sus amigos y sus maestros. Pero tenía una debilidad. - ¿Cual?
Era incapaz de vivir el momento. No había aprendido a disfrutar el proceso de la vida. Cuando estaba en el colegio, soñaba con estar jugando fuera. Cuando estaba jugando soñaba con las vacaciones de verano. Pedro estaba todo el día soñando, sin tomarse el tiempo de saborear los momentos especiales de su vida cotidiana. Una mañana, Pedro estaba caminando por un bosque cercano a su casa. Al rato, decidió sentarse a descansar en un trecho de hierba y al final se quedó dormido. Tras unos minutos de sueño profundo, oyó a alguien gritar su nombre con voz aguda. Al abrir los ojos, se sorprendió de ver una mujer de pie a su lado. Debía de tener unos cien años y sus cabellos blancos como la nieve caían sobre su espalda como una apelmazada manta de lana. En la arrugada mano de la mujer había una pequeña pelota mágica con un agujero en su centro, y del agujero colgaba un largo hilo de oro.
La anciana le dijo: "Pedro, este es el hilo de tu vida. Si tiras un poco de él, una hora pasará en cuestión de segundos. Y si tiras con todas tus fuerzas, pasarán meses o incluso años en cuestión de días" Pedro estaba muy excitado por este descubrimiento. "¿Podría quedarme la pelota?", preguntó. La anciana se la entregó.
Al día siguiente, en clase, Pedro se sentía inquieto y aburrido. De pronto recordó su nuevo juguete. Al tirar un poco del hilo dorado, se encontró en su casa jugando en el jardín. Consciente del poder del hilo mágico, se cansó enseguida de ser un colegial y quiso ser adolescente, pensando en la excitación que esa fase de su vida podía traer consigo. Así que tiró una vez más del hilo dorado.
De pronto, ya era un adolescente y tenía una bonita amiga llamada Elisa. Pero Pedro no estaba contento. No había aprendido a disfrutar el presente y a explorar las maravillas de cada etapa de su vida. Así que sacó la pelota y volvió a tirar del hilo, y muchos años pasaron en un solo instante. Ahora se vio transformado en un hombre adulto. Elisa era su esposa y Pedro estaba rodeado de hijos. Pero Pedro reparó en otra cosa. Su pelo, antes negro como el carbón, había empezado a encanecer. Y su madre, a la que tanto quería, se había vuelto vieja y frágil. Pero el seguía sin poder vivir el momento. De modo que una vez más, tiró del hilo mágico y esperó a que se produjeran cambios.
Pedro comprobó que ahora tenía 90 años. Su mata de pelo negro se había vuelto blanca y su bella esposa, vieja también, había muerto unos años atrás. Sus hijos se habían hecho mayores y habían iniciado sus propias vidas lejos de casa. Por primera vez en su vida, Pedro comprendió que no había sabido disfrutar de las maravillas de la vida. Había pasado por la vida a toda prisa, sin pararse a ver todo lo bueno que había en el camino.
Pedro se puso muy triste y decidió ir al bosque donde solía pasear de muchacho para aclarar sus ideas y templar su espíritu. Al adentrarse en el bosque, advirtió que los arbolitos de su niñez se habían convertido en robles imponentes. El bosque mismo era ahora un paraíso natural. Se tumbó en un trecho de hierba y se durmió profundamente. Al cabo de un minuto, oyó una voz que le llamaba. Alzó los ojos y vio que se trataba nada menos que de la anciana qu muchos años atrás le había regalado el hilo mágico. "¿Has disfrutado de mi regalo?", preguntó ella. Pedro no vaciló al responder: "Al principio fue divertido pero ahora odio esa pelota. La vida me ha pasado sin que me enterase, sin poder disfrutarla.Claro que habría habido momentos tristes y momentos estupendos, pero no he tenido oportunidad de experimentar ninguno de los dos. Me siento vacío por dentro. Me he perdido el don de la vida. "Eres un desagradecido, pero igualmente te concederé un último deseo", dijo la anciana. Pedro pensó unos instantes y luego respondió: "Quisiera volver a ser un niño y vivir otra vez la vida". Dicho esto se quedó otra vez dormido.
"Pedro volvió a oír una voz que le llamaba y abrió los ojos. ¿Quien podrá ser ahora?, se preguntó. Cual no sería su sorpresa cuando vio a su madre de pie a su lado. Tenía un aspecto juvenil, saludable y radiante. Pedro comprendió que la extraña mujer del bosque le había concedido el deseo de volver a su niñez. Ni que decir tiene que Pedro saltó de la cama al momento y empezó a vivir la vida tala como había esperado. Conoció muchos momentos buenos, muchas alegrías y triunfos, pero todo empezó cuando tomó la decisión de no sacrificar el presente por el futuro y empezar a vivir en el ahora.
Fragmento tomado de "El monje que vendió su Ferrari" Robin S. Sharma
REFLEXIÓN
Por desgracia, la historia de Pedro y el hilo mágico no es más que eso, un cuento. En el mundo real nunca tenemos una segunda oportunidad de vivir la vida con plenitud. Hoy es tu oportunidad de despertar a ese regalo que es la vida...antes de que sea tarde. El tiempo se escurre entre los dedos como los granos de arena. Que este nuevo día sea el inicio de tu vida, el día en que tomas la decisión de concentrarte en lo más importante para ti. Toma la decisión de invertir más tiempo con quienes dan sentido a tu vida. Deleitate en el poder de esos momentos especiales. Haz las cosas que siempre has querido hacer. Deja de posponer tu felicidad a expensas de la realización. ¿Por que no disfrutar del proceso? Empieza a atender a tu alma.
Era incapaz de vivir el momento. No había aprendido a disfrutar el proceso de la vida. Cuando estaba en el colegio, soñaba con estar jugando fuera. Cuando estaba jugando soñaba con las vacaciones de verano. Pedro estaba todo el día soñando, sin tomarse el tiempo de saborear los momentos especiales de su vida cotidiana. Una mañana, Pedro estaba caminando por un bosque cercano a su casa. Al rato, decidió sentarse a descansar en un trecho de hierba y al final se quedó dormido. Tras unos minutos de sueño profundo, oyó a alguien gritar su nombre con voz aguda. Al abrir los ojos, se sorprendió de ver una mujer de pie a su lado. Debía de tener unos cien años y sus cabellos blancos como la nieve caían sobre su espalda como una apelmazada manta de lana. En la arrugada mano de la mujer había una pequeña pelota mágica con un agujero en su centro, y del agujero colgaba un largo hilo de oro.
La anciana le dijo: "Pedro, este es el hilo de tu vida. Si tiras un poco de él, una hora pasará en cuestión de segundos. Y si tiras con todas tus fuerzas, pasarán meses o incluso años en cuestión de días" Pedro estaba muy excitado por este descubrimiento. "¿Podría quedarme la pelota?", preguntó. La anciana se la entregó.
Al día siguiente, en clase, Pedro se sentía inquieto y aburrido. De pronto recordó su nuevo juguete. Al tirar un poco del hilo dorado, se encontró en su casa jugando en el jardín. Consciente del poder del hilo mágico, se cansó enseguida de ser un colegial y quiso ser adolescente, pensando en la excitación que esa fase de su vida podía traer consigo. Así que tiró una vez más del hilo dorado.
De pronto, ya era un adolescente y tenía una bonita amiga llamada Elisa. Pero Pedro no estaba contento. No había aprendido a disfrutar el presente y a explorar las maravillas de cada etapa de su vida. Así que sacó la pelota y volvió a tirar del hilo, y muchos años pasaron en un solo instante. Ahora se vio transformado en un hombre adulto. Elisa era su esposa y Pedro estaba rodeado de hijos. Pero Pedro reparó en otra cosa. Su pelo, antes negro como el carbón, había empezado a encanecer. Y su madre, a la que tanto quería, se había vuelto vieja y frágil. Pero el seguía sin poder vivir el momento. De modo que una vez más, tiró del hilo mágico y esperó a que se produjeran cambios.
Pedro comprobó que ahora tenía 90 años. Su mata de pelo negro se había vuelto blanca y su bella esposa, vieja también, había muerto unos años atrás. Sus hijos se habían hecho mayores y habían iniciado sus propias vidas lejos de casa. Por primera vez en su vida, Pedro comprendió que no había sabido disfrutar de las maravillas de la vida. Había pasado por la vida a toda prisa, sin pararse a ver todo lo bueno que había en el camino.
Pedro se puso muy triste y decidió ir al bosque donde solía pasear de muchacho para aclarar sus ideas y templar su espíritu. Al adentrarse en el bosque, advirtió que los arbolitos de su niñez se habían convertido en robles imponentes. El bosque mismo era ahora un paraíso natural. Se tumbó en un trecho de hierba y se durmió profundamente. Al cabo de un minuto, oyó una voz que le llamaba. Alzó los ojos y vio que se trataba nada menos que de la anciana qu muchos años atrás le había regalado el hilo mágico. "¿Has disfrutado de mi regalo?", preguntó ella. Pedro no vaciló al responder: "Al principio fue divertido pero ahora odio esa pelota. La vida me ha pasado sin que me enterase, sin poder disfrutarla.Claro que habría habido momentos tristes y momentos estupendos, pero no he tenido oportunidad de experimentar ninguno de los dos. Me siento vacío por dentro. Me he perdido el don de la vida. "Eres un desagradecido, pero igualmente te concederé un último deseo", dijo la anciana. Pedro pensó unos instantes y luego respondió: "Quisiera volver a ser un niño y vivir otra vez la vida". Dicho esto se quedó otra vez dormido.
"Pedro volvió a oír una voz que le llamaba y abrió los ojos. ¿Quien podrá ser ahora?, se preguntó. Cual no sería su sorpresa cuando vio a su madre de pie a su lado. Tenía un aspecto juvenil, saludable y radiante. Pedro comprendió que la extraña mujer del bosque le había concedido el deseo de volver a su niñez. Ni que decir tiene que Pedro saltó de la cama al momento y empezó a vivir la vida tala como había esperado. Conoció muchos momentos buenos, muchas alegrías y triunfos, pero todo empezó cuando tomó la decisión de no sacrificar el presente por el futuro y empezar a vivir en el ahora.
Fragmento tomado de "El monje que vendió su Ferrari" Robin S. Sharma
REFLEXIÓN
Por desgracia, la historia de Pedro y el hilo mágico no es más que eso, un cuento. En el mundo real nunca tenemos una segunda oportunidad de vivir la vida con plenitud. Hoy es tu oportunidad de despertar a ese regalo que es la vida...antes de que sea tarde. El tiempo se escurre entre los dedos como los granos de arena. Que este nuevo día sea el inicio de tu vida, el día en que tomas la decisión de concentrarte en lo más importante para ti. Toma la decisión de invertir más tiempo con quienes dan sentido a tu vida. Deleitate en el poder de esos momentos especiales. Haz las cosas que siempre has querido hacer. Deja de posponer tu felicidad a expensas de la realización. ¿Por que no disfrutar del proceso? Empieza a atender a tu alma.
miércoles, 17 de febrero de 2010
martes, 16 de febrero de 2010
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