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miércoles, 27 de abril de 2011

LUIS ANDRES VILLAS-BOAS: "EL NUEVO MOURINHO"



Como en un cuento, Luís André Villas-Boas vivía en el mismo edificio que el entrenador del Oporto entre 1994 y 1996, Bobby Robson, y, cada vez que se cruzaban, intercambiaban algún comentario táctico. Ya había cierta confianza cuando el joven André, de 16 años, le espetó: "No entiendo por qué no juega más Domingos Paciencia [delantero del Oporto y actual entrenador del Sporting de Braga]". Fascinado por la osadía y los conocimientos, el veterano Robson contrató al muchacho, que, además, hablaba inglés puesto que su abuela paterna nació en Stockport, Inglaterra, a principios del siglo pasado. Titulado a los 17 años en Escocia como entrenador de la UEFA, empezó preparando informes para el Oporto, del que era un hincha furibundo, e inició una carrera meteórica que lo sitúa ahora, a los 33, en la cima del fútbol portugués. Ha situado al Oporto en las semifinales de la Liga Europa, hoy ante el Villarreal (21.05, Cuatro).
Hay algo de revolucionario en sus entrenamientos. Marcelino, técnico del Racing, se pasó una semana observándolos el año pasado en Coimbra, cuando Villas-Boas dirigía al Académica. Se llevó una grata impresión. "Busca soluciones tácticas a través del juego y la posesión del balón", explica Marcelino, que destaca el "cariñoso" trato personal que le dio el joven técnico luso. En sus sesiones, el trabajo físico específico no existe, sino que prima un componente lúdico. "Todo con coherencia, organización y las ideas muy claras", añade Marcelino. Es la escuela portuguesa y la conocida como periodización táctica. Cada día de la semana recibe un nombre y un objetivo: recuperación, tensión, resistencia, velocidad... "Los jugadores hablan muy bien de sus entrenamientos y de su persona; se ve un verdadero equipo", abunda Secretario, ex jugador del Oporto y del Real Madrid.
En realidad, la metodología de Villas-Boas es muy similar a la de José Mourinho, con quien colaboró en el Oporto, el Chelsea y el Inter. Cinco años juntos sin final feliz: Villas-Boas reconoce las enseñanzas del maestro, pero Mou no contesta cuando le preguntan por el discípulo. Este, no obstante, ha desarrollado una personalidad propia. Le gusta un fútbol más combinativo y le da más importancia a la posesión del balón. Comunica muy bien y recurre a menudo a la ironía. Comparten, eso sí, la capacidad para sacar el máximo rendimiento a jugadores inestables, como el colombiano Guarín, una de las claves del actual Oporto.
"Lo mejor de Villas-Boas es que, siendo tan joven, ha sabido llevar la enorme presión del Oporto", afirma Jesualdo Ferreira, su predecesor en el club de Dragão. Con Ferreira, el Oporto se sentía cómodo sin el balón. En su primera temporada completa en Primera, Villas-Boas ha conservado las transiciones rápidas de su antecesor, pero le ha agregado un gusto por la posesión de la pelota. Para ello necesitaba un centrocampista que marcara los tiempos y el presidente, el eterno Pinto da Costa, fichó a João Moutinho al Sporting de Lisboa por 10 millones, una cifra colosal. La campaña del Oporto está siendo impresionante: 25 victorias y solo dos empates le han llevado a adjudicarse la Liga en casa del máximo rival, el Benfica, donde ganó 1-2. Por si fuera poco, volvió a conquistar Da Luz en las semifinales de la Copa lusa, remontando con un 1-3 el 0-2 de la ida. En mayo, disputará la final frente al Guimarães. Sumó 36 partidos seguidos invicto, tres más del récord anterior de Mou.
Los paralelismos son inevitables. Da Costa, un dirigente con ojo de lince, fichó a Mourinho del Leiria cuando no era más que una promesa. Llegó a Dragão en enero de 2002 y, un año más tarde, ganó la Liga y la Copa de la UEFA. Esta vez Da Costa pescó en Coimbra, donde Villas-Boas había trasladado al Académica desde las zonas de descenso a mitad de tabla. Sin experiencia como jugadores, los dos han triunfado casi imberbes en el Oporto. Y si Da Costa ya le sacó cinco millones al Chelsea por el traspaso de Mou, nadie duda de que otro club opulento pagará por Villas-Boas.

Los paralelismos son inevitables. Da Costa, un dirigente con ojo de lince, fichó a Mourinho del Leiria cuando no era más que una promesa. Llegó a Dragão en enero de 2002 y, un año más tarde, ganó la Liga y la Copa de la UEFA. Esta vez Da Costa pescó en Coimbra, donde Villas-Boas había trasladado al Académica desde las zonas de descenso a mitad de tabla. Sin experiencia como jugadores, los dos han triunfado casi imberbes en el Oporto. Y si Da Costa ya le sacó cinco millones al Chelsea por el traspaso de Mou, nadie duda de que otro club opulento pagará por Villas-Boas.
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