Al afrontar un tema de semejante talante es, sin lugar a dudas, una tarea muy complicada. Afirmar que ¿Dónde encontrarlos héroes? Siendo que esta “profesión” esta idealizada, con capas ondulantes, mascaras que delimitan las identidades, y luchar por el bienestar del mundo arriesgando la vida sin nada a cambio.
Así es dar por tierra todos los esfuerzos de muchas personas que, con sus actos hacen un mundo mejor para todos. Actores de primer orden como Bomberos, médicos, científicos, ecologistas, etc. Se podría afirmar que “todos ellos son héroes”.
¡Es así, lo son! Algunos arriesgan sus vidas a diario para salvar la de desconocidos. Otros luchan para frenar la lógica llegada de la muerte y encuentran curas para enfermedades que son consideradas pandemias, colocando en riesgo la existencia de la raza humana. Y están aquellos que, de forma voluntaria, ofrecen una mano al que la necesita, sin pedir nada a cambio. Como olvidar que por el ritmo de nuestra frenética vida perdemos de vista, quienes pueden influenciar y cambiar tú historia con una de sus enseñanzas, con su sacrificio.
Denotamos de un Gandhi, un Buda, una Teresa de Calcuta, entre tantos otros que nos dejó el pasado. Gente, común y corriente, que dejó su marca en la Humanidad y que cambió el transcurrir del mundo y la concepción del mismo. Personas que inspiraran con su valor y sus ideales al mundo entero.
Un héroe moderno, por su responsabilidad con las nuevas generaciones son los profesores, en sus distintas ramas del conocimiento, por ser un modelo y un moldeador de los individuos que tendrán la responsabilidad de darle continuidad a un lugar que tenemos para vivir y un entorno de respeto para aprovecharlo.
La invitación es centrar nuestros esfuerzos a la transformaciones de las generaciones que tenemos en nuestras manos, buscando al ser, hallando e influyendo en el para inculcar la conciencia de bienestar no solo para este individuo sino pensando en como afectara positiva o negativamente al vecino. Partiendo de una sociedad sana en cuanto a la convivencia se podrá extraer de mejor forma el talento.
Tomando esta serie de reflexiones, un héroe para futbol no se puede alejar del entorno, en el cual se mueve, el cual lo influencia directamente, la creación de miedos. Temores, barreras mentales, el verdadero héroe es aquel que sin importar inconvenientes, falta de condiciones para realizar la labor, con creatividad se buscan los medios y sin Excusas se realizan y con resultados cumpliendo los objetivos trazados, influenciando a su entorno de forma positiva en Pro de ayudar para el mejoramiento de la condición humana.
Ocurre siempre con los futbolistas. En el campo se exponen a un juicio sumarísimo. Pocas profesiones están tan sujetas al ojo público. Quizás por eso persisten tanto en cerrar las puertas de la intimidad del vestuario. Ahí encuentran una intimidad necesaria para exorcizar temores, conciliar rencillas o sencillamente dejar atrás el personaje público que tanta presión lleva a sus espaldas.
En el renovado vestuario del Camp Nou ocurre lo mismo. Ahí se juntan los Valdés, Messi y compañía antes y después de los partidos para compartir lujos y miserias. Las mejores y peores noticias. Por eso es fácil que se creen lazos muy fuertes entre ellos. En el conjunto azulgrana hay casos tan conocidos como Iniesta y Valdés, dos futbolistas que se conocen desde hace décadas. “Víctor es mi mejor amigo en el equipo. Jugamos juntos en categorías inferiores y en el filial. Entonces viajábamos en autobús por toda España y ahora lo hacemos por todo el mundo en avión”, recuerda en la revista ‘Four Four Two’.
Víctor se muestra ante los medios como un tipo hermético, mantiene siempre la distancia y transmite la mayor de las seguridades. Iniesta, en cambio, conoce al Valdés más cercano, el que considera un hermano mayor y anima muy a menudo el vestuario. “Siempre habla en voz alta, es muy expresivo, está un poco loco y es muy animado”, asegura. Para el de Fuentealbilla, Víctor no sólo es un amigo, también es un profesional al que admira. Iniesta conoce muy bien la historia de Valdés, uno de los mejores guardameta de Europa que durante años trató de escapar de los palos, un sitio donde no disfrutaba y era “motivo de sufrimiento cada semana”. Con los años, sin embargo, encontró la manera de vivir el fútbol de otra manera, a disfrutar en el campo siguiendo los consejos de Guardiola. Ahora, para Andrés, “si no fuera español, sería uno de los porteros más importantes de cualquier selección. No hay otro guardameta mejor blocando los disparos, su última temporada fue la mejor de su carrera”, recuerda.
Otro de los jugadores cercanos a Iniesta, el joven Bojan, ha encontrado en el de Fuentealbilla un de sus compañeros de confianza, sobre todo ahora que vive una de las temporadas más complicadas: sin suerte de cara al gol y con problemas de confianza. Para Iniesta, el de Linyola sigue luchando por triunfar en el club con la mejor cara a pesar de las dificultades. “Bojan siempre está riendo en el vestuario incluso cuando no es feliz”. En lo futbolístico, no tiene dudas de que el delantero acabará cerrando el debate sobre su futuro en el Barcelona con su trabajo. “Será un futbolista importante para el Barcelona. Quizás ahora no juega cada semana, pero siempre contribuye al equipo. Con goles, corriendo, haciendo diagonales. El preferiría jugar en el centro pero lo hace bien por la izquierda y la derecha. Es, sin duda, otro ejemplo del trabajo que se está haciendo en la cantera del club”.
Messi es otro ejemplo del tipo de futbolista que Guardiola quiere en su vestuario. El argentino es el futbolista más atrevido en un terreno de juego. Fuera de él es un joven tímido que parece ajeno a todo el ruido que generan sus asombrosas actuaciones. En el vestuario es respetado por todos. Ellos que entrenan a diario con él lo conocen mejor que nadie. Y cuando todo el mundo trata de encontrar los mejores adjetivos para describir su imprevisible repertorio, los futbolistas optan por lo meridiano: “Simplemente es el mejor jugador de fútbol del mundo”, dice Iniesta. Alves es otro jugador muy querido en la plantilla. Del brasileño se espera que sea un puñal en la banda y viéndole jugar parece que ese cuerpo encaje mejor con dos ruedas en lugar de piernas. Entre bambalinas, fuera del campo, sus compañeros saben que uno no puede despistarse un segundo con él. Pocos son tan bromistas como el brasileño, al que Iniesta define como “el más loco de todos”. “Siempre escoge la música en el vestuario, a veces es buena, otras algo terrible”.
En el otro lado está Busquets, un tipo que rehúye el protagonismo. En el vestuario se le ve hablando con todo el mundo. No tiene un ‘socio’. Del mismo modo que ocurre en el campo, es un jugador de equipo. Pocos como él conocen los entresijos de un vestuario. Ya de pequeñito visitaba a sus ídolos de la mano de su padre Carlos.
Entonces se colaba entre bastidores. “A mi padre le gustaba traerme y recuerdo que de esa forma conocí algunos de mis ídolos como Figo o Rivaldo”, asegura en la revista inglesa. “Ahora veo a muchos futbolistas que traen sus hijos y me doy cuenta que no hace tanto yo era uno de ellos”.
Convertido ahora en uno de los mejores mediocentros del mundo en tiempo récord, Busi se fijaba en jugadores más ofensivos cuando empezaba a calzarse sus primeras botas. Uno de ellos, su preferido, es uno de esos casos que la afición azulgrana recuerda con cierto desgarro. “Figo era mi héroe. Luego se fue al Madrid y fue imposible seguir viéndole de la misma forma. Entonces veía las cosas como aficionado, ahora soy profesional y veo las cosas de forma distinta”. Busi justifica en parte la decisión del portugués, ya que -dice- “los jugadores no pueden tener siempre el control de dónde van a jugar en el futuro, lo que el entrenador piensa de ellos o si el club ”. Busquets, sin embargo, no piensa coger el puente aéreo: “hay muchos equipos a los que preferiría ir antes que el Madrid. Para mí, que soy catalán, que juego en el Barça, sería difícil fichar por el Madrid”. Villa, uno de los recién llegados, ya conoce la idiosincrasia del clásico: “Ya he vivido la dureza de jugadores como Alonso o Ramos; espero lo mismo en el clásico. Además el Chelsea de Mou es el equipo más fuerte al que me he enfrentado”.
El estilo del Fútbol Club Barcelona, en las dos últimas temporadas: Un acto de belleza
El Barça desveló la falsedad imperante según la cual juego bonito y juego efectivo eran incompatibles y había que sacrificar la belleza a la efectividad | El equipo del Barça, disfrazado de selección española, ya no jugó el fútbol más bonito: ¿qué vendrá después?
Sucedió de verdad y fue un acontecimiento a finales de mayo del año pasado, durante la final de la Liga de Campeones que disputaron contra el Manchester United. Como recordarán, el FC Barcelona estaba ya casi eliminado de la semifinal cuando un gol de última hora y unas grotescas decisiones del árbitro noruego arrebataron la victoria al Chelsea, que había merecido ganar. Durante los primeros minutos de la final de Roma, el que dominó fue el equipo inglés. De haber marcado Cristiano Ronaldo el gol que podía y tenía que haber marcado, quizá el partido habría acabado de otra manera.
Pero entonces Eto'o –quien, como Cristiano Ronaldo con el Manchester, jugó ese día su última final con el Barça– anotó el primer tanto en una jugada irresistible y, a partir de ese momento, el Barça empezó a moverse con más belleza y seguridad a cada minuto que pasaba. Y acabó jugando como no había jugado ningún otro equipo en la historia del fútbol; sus jugadores estaban en estado de gracia (in the zone, como decimos en inglés), era como si no pudieran fallar, como si el hecho de realizar cada vez el movimiento adecuado convirtiera su hazaña y su victoria en naturales, en inevitables y, como digo, en una belleza perfecta. El segundo gol de esa noche, un cabezazo de Messi, que parecía sencillamente imposible en un jugador de su estatura, dejó bien claro que semejante perfección rayaba en algo nuevo, en algo que no sólo no habíamos visto nunca antes, sino que era el principio de un estilo nuevo que ni siquiera habíamos sido capaces de imaginar.
¿Qué era, en realidad, lo novedoso de la forma en que el Barça jugó esa noche para convertir su victoria en la Liga de Campeones en semejante acontecimiento? Para encontrar una respuesta que no sea sólo hiperbólica y, por lo tanto, superficial, tenemos que remontarnos a las dos últimas décadas de la historia del fútbol. Los años setenta y ochenta fueron una época de dominio de jugadores individuales por encima del equipo: pensemos en la etapa final de la carrera de Pelé, en Johan Cruyff, en Franz Beckenbauer y, por encima de todos, en Diego Maradona. A diferencia de sus actuales sucesores, ellos disponían de espacio y tiempo suficientes para cruzar el centro del campo con la pelota y decidir a quién enviaban sus pases geniales y a menudo letales. Sin que sea una casualidad, en esa época se inventó la posición de líbero; es decir, el papel de un jugador capaz, gracias a sus habilidades técnicas, de mantenerse libre de marcaje y utilizar esa libertad a favor del éxito de su equipo. Durante la Copa del Mundo de Italia de 1990, Maradona, sólo en parte debido a su edad, ya no logró imponerse de ese modo. El jugador del torneo fue Lothar Matthäus, un centrocampista con la suficiente competencia técnica para sacar provecho de su extraordinaria forma física, su velocidad y su enorme fortaleza.
Visto en retrospectiva, podemos identificar la transición desde Maradona hasta Matthäus como un punto de inflexión decisivo. Unos pocos años después, todos los futbolistas de nivel internacional tuvieron que convertirse en consumados atletas (todavía recuerdo a una antigua estrella de una importante liga comentando, con absoluta decepción, que el juego se había convertido en "atletismo con una pelota de fútbol"). La consecuencia general de esa evolución fue que, de forma progresiva, el jugador tuvo cada vez menos tiempo para detenerse y pasar la pelota. Buscar a un delantero desmarcado, como ocurría con el líbero, resultó ya imposible, y pronto apareció el estilo de un solo toque (one touch style), con Zinedine Zidane como primer auténtico maestro: bajo un nivel cuantitativamente nuevo de presión física por parte de los oponentes, los equipos tenían que mantener la posesión del balón pasándolo tan deprisa como fuera posible de un jugador a otro hasta que la menor debilidad defensiva contraria proporcionara la oportunidad de un largo pase vertical hasta la zona de penalti, una internada y, en el mejor de los casos, un gol.
Hoy en día, ningún jugador puede permitirse ocupar únicamente una posición y su correspondiente zona en el terreno de juego. En los años noventa empezó a convertirse en la regla general y en una necesidad lo inaugurado a principios de los setenta por el Inter de Milán con algunos defensas excepcionales capaces de llegar al área contraria y lo que, unos pocos años más tarde y de forma más compleja, la selección neerlandesa empezó a lograr en su búsqueda del fútbol total. Sin embargo, el fútbol de un toque tuvo claramente, en sus etapas iniciales, un impacto negativo sobre la belleza del juego. Muy pocos jugadores –Ronaldinho durante sus años en el Barcelona fue quizá el más destacado– poseían la habilidad suficiente para manejar el balón bajo esas nuevas circunstancias. Casi siempre parecía perderse el equilibrio entre las habilidades técnicas y la fortaleza atlética, de modo que el azar se imponía sobre las acciones en el terreno de juego.
Durante la temporada 2008- 2009, el FC Barcelona se convirtió en el primer equipo con el suficiente número de jugadores cuya técnica igualaba claramente su fortaleza física para superar el azar y la decadencia estética del fútbol de un toque. La final de Roma de la Liga de Campeones fue un acontecimiento en la historia del fútbol porque nunca antes habíamos visto a un equipo que no abandonaba en ningún momento su precisión técnica, a pesar del aumento de la presión física de los contrarios; un equipo capaz de jugar siempre pasando el balón, incluso en su área pequeña; un equipo que suscitaba colectivamente efectos de sorpresa sin cesar en lugar de confiar en un genio individual o, en el mejor de los casos, en unos pocos genios individuales. Con ello, ese equipo histórico demostró la falsedad de la opinión imperante según la cual el juego bonito y el juego efectivo eran objetivos incompatibles y que, por lo tanto, había que sacrificar de forma inevitable la belleza a la efectividad. Ese fue el inesperado logro final de un nuevo estilo futbolístico que había empezado a aparecer después de 1990.
El giro radical y la resonancia internacional de este nuevo estilo nos ayudó a entender (o nos ayudó a reconocer), casi inmediatamente, que lo que atrae a centenares de miles de espectadores a los estadios y a centenares de millones de espectadores a las retransmisiones televisivas de los deportes colectivos no es sólo –y ni siquiera de modo predominante– el deseo de ver ganar al equipo con el que se identifican. Lo que los atrae, por encima de todo, sin ser conscientes de ello (¿y por qué deberían o querrían ser conscientes de ello?) es un modo de experiencia estética en el pleno sentido del concepto filosófico. Lo que los aficionados quieren ver son jugadas bonitas, coproducidas y personificadas por un puñado de jugadores; jugadas bonitas que son siempre impredecibles porque deben lograrse contra la resistencia del equipo contrario; jugadas bonitas que empiezan a desaparecer en el mismo instante en que aparecen. Y tanto mejor si esas jugadas producen muchos goles y dan la victoria al equipo con el que nos identificamos. Creo que, desde un punto de vista estético –que es sobre todo el punto de vista del espectador–, tiene sentido dar la vuelta a la clásica creencia según la cual una jugada bonita es un medio para conseguir el fin de marcar un gol. Por el contrario, disfrutamos más viendo fútbol (y otros deportes colectivos) cuando el propósito de marcar tantos se convierte, lo más a menudo posible, en un medio y en una obligación que producirá jugadas bonitas.
Eso es lo que representó el FC Barcelona de la temporada 2008- 2009 y lo que representará durante mucho tiempo en tanto que acontecimiento decisivo en la historia del fútbol. Lo cual no nos obliga a pensar que el proyecto de Joan Laporta, de Pep Guardiola o de sus jugadores fue jugar de forma tan hermosa. Su propósito estratégico era, simple y necesariamente, encontrar una solución al problema de cómo superar la falta de control y el consiguiente azar del fútbol de un solo toque con el fin de ganar el máximo de partidos posibles. Sin embargo, ser efectivo en un plano exclusivamente pragmático se convirtió al final en un medio para la producción de placer estético. Al mismo tiempo, resulta imposible no establecer una relación entre el hecho de que el Barça fue el primer equipo en encontrar y dominar una solución a este problema y su récord en la temporada 2008-2009 al ganar los seis títulos nacionales e internacionales a los que puede optar un club de fútbol en una única temporada. Y los ganó todos con mucha facilidad, puesto que ningún otro equipo ni ningún otro entrenador había ideado todavía un modo de neutralizar su estilo bellamente eficaz, que estaba cuajando entonces de forma tan rápida y sorprendente.
En la euforia de esos gloriosos recuerdos de hace poco más de un año, quizá valga la pena recordar de nuevo que en el 2009 el Barça estuvo a un paso de quedar eliminado por el Chelsea. No eran verdaderamente invencibles, o puede que sólo se convirtieran en verdaderamente invencibles, durante un breve lapso, después de su final de la Liga de Campeones. Desde un punto de vista estético, el FC Barcelona de la temporada 2009-2010 no resultó menos impresionante que su inmediato predecesor, pero en la temporada anterior a la Copa del Mundo de Sudáfrica no logró ganar la Liga de Campeones. Y, si bien el Barça jugó a todas luces mejor en la semifinal del 2010 –que perdió contra el Inter de Milán– de lo que jugó en la semifinal del 2009 –que ganó contra el Chelsea–, hubo algo significativo en esa derrota.
Y es que se produjo contra un club cuyo entrenador, José Mourinho, había concebido una estrategia específica contra el innovador estilo del Barcelona. Esa estrategia aprovechaba ante todo la idea de que el principio del Barça de congelar la pelota en secuencias inhabitualmente largas de juego al primer toque hasta la aparición de una oportunidad de gol, era muy vulnerable a la interrupción por medio de unos pocos ataques inesperados, rápidos y exclusivamente verticales, sin ningún pase lateral. En segundo lugar, reducía las oportunidades de marcar de las que dependía el equipo de Guardiola mediante una concentración en una defensa muy profunda e incondicional (incondicional significa que, salvo en contadísimas ocasiones y en ese caso muchas veces letales, la defensa del Inter ni siquiera se preocupó de iniciar contraataques). Desde el punto de vista del Barcelona –y desde el punto de vista de la estética del fútbol–, la derrota resultó muy frustrante por la rapidez histórica con la que puso de manifiesto las limitaciones de ese hermoso estilo de juego. Contra el Inter, el nuevo estilo empezó de pronto a parecer semejante al balonmano, con esas largas y a menudo aburridas secuencias de pases en las que el atacante busca un hueco en una defensa que ni siquiera intenta interferir en la posesión de la pelota. Ni el sorprendente Leo Messi pudo internarse de modo decisivo en la defensa del Inter porque siempre había demasiados rivales marcándolo y frenando sus avances.
Es evidente –aunque me parece extraño lo poco que se menciona este hecho de forma explícita– que la selección española vencedora de la Copa del Mundo del 2010 fue una versión defensivamente mejorada –aunque sólo fuera ligerísimamente– del FC Barcelona de esa temporada. No constituyó por lo tanto sorpresa alguna que la selección encontrara en Sudáfrica los mismos problemas que los experimentados por el Barça unas pocas semanas antes. Perdió el primer partido por 0-1 contra una selección suiza dirigida por uno de los entrenadores con más astucia defensiva del mundo; ganó casi todos los demás encuentros por 1-0 exhibiendo ese juego típico del balonmano, con paciencia, habilidad, una espléndida fortaleza física y casi siempre con éxito. La imagen que me venía a la cabeza era que España se dedicaba a asediar a sus rivales. Sin embargo, el Mundial del 2010 nunca pudo igualar –ni por un minuto– la belleza del juego encarnado por el FC Barcelona vencedor de la Liga de Campeones del 2009. Es más, con Leo Messi jugando para Argentina, las probabilidades de penetrar en la defensa contraria y la consiguiente emoción se vieron claramente reducidas. Una excitante y bella innovación se había convertido en una receta pragmática para el éxito.
Si sirviera de consuelo podríamos decir, visto a posteriori, que la misma singularidad del juego del Barça en la temporada 2008-2009 proporciona hoy un aura histórica a su belleza. Además, la Copa del Mundo es sin duda un éxito aun mayor que la Liga de Campeones, y no ha hecho más que consolidar la posición de Barcelona como capital mundial del fútbol contemporáneo. ¿Cómo explicar este abrumador –y doble– éxito? Deseo subrayar que los fenómenos de la experiencia estética siempre suponen una dimensión de inspiración, entusiasmo y arrebato que por fortuna escapa a todo análisis racional. Por otra parte, no cabe duda de que la homogeneidad y la igualdad o, dicho de otro modo, la ausencia de jerarquía entre sus primerísimas figuras, ha encajado muy bien con la combinación de técnica y forma física del Barça. Piqué, Puyol, Xavi, Busquets, Iniesta, Pedro y Messi son estrellas internacionales, pero ninguno de ellos, ni siquiera Messi, reivindica un papel superior en el seno del equipo. Estos jugadores son más intercambiables en sus posiciones y funciones que los integrantes de cualquier otro equipo de fútbol hoy. Y el hecho de que Guardiola sea un antiguo centrocampista del Barcelona bien puede constituir una de las razones de que él haya llevado ese potencial a su realización. También –aunque resulta casi banal– se hace necesario mencionar que semejante homogeneidad ha sido, en buena medida, un producto de la Masia, la célebre cantera del Barça.
De poseer un aspecto negativo esta virtud atlética de la homogeneidad –que parece tener un efecto sobre los jugadores del Barcelona incluso fuera de los partidos–, se trataría del problema del Barça a la hora de integrar en su ritmo y estilo a destacados jugadores procedentes de fuera. La dificultad se ha hecho patente con Thierry Henry, con Zlatan Ibrahimovic e incluso con las dudas de Guardiola respecto al fichaje de la joven revelación alemana Mesut Özil. Por último –y posiblemente esto sea una fuente específica de inspiración para el capital, quizá único, de talento futbolístico del FC Barcelona, una fuente de inspiración susceptible de convertirse en motivación activa–, por último, este club ocupa, a los ojos de millones de seguidores, el lugar simbólico de la verdadera selección catalana. A muchos de los jugadores –incluidos los no nacidos en Catalunya– les parece importante representar una causa, lo cual significa que para ellos hay en juego algo que trasciende el fútbol: Més que un club.
¿Y qué vendrá después del reinado del FC Barcelona en el imperio del fútbol? Hasta ahora hemos visto cómo puede neutralizarse a este asombroso equipo con unas tácticas muy elaboradas. Por esta misma razón y durante la Copa del Mundo, el equipo del Barcelona bajo el disfraz de selección española ya no jugó el fútbol más bonito. A pesar de mi nombre alemán, concedería esta distinción a algunos momentos –¡nunca a un partido entero!– jugados por los equipos de Alemania y Uruguay. Como en los casos del FC Barcelona y la selección española, el juego de esos equipos fue producto de la forma física y la habilidad técnica. Sin embargo, hubo momentos, en la segunda parte del Alemania-Argentina, por ejemplo, o en la última media hora del Uruguay-Alemania, en que hizo su aparición una forma de juego menos cauta y más arriesgada, más orientada al gol y más sorprendente. Esa forma de juego, que fascinó a todo el mundo, no se ha convertido todavía en una receta –quizá ni siquiera sea posible sistematizarla–, lo cual la hizo más hermosa –pero también más vulnerable– que el juego de la selección española. Por eso los jugadores alemanes no parecieron convencidos de sus posibilidades contra la poderosa encarnación española del estilo catalán. Y no les faltó razón.
Por: Hans Ulrich Gumbrecht. Traducción: Juan Gabriel López GuixT
Pregunta: Edgar, tu que has vivido la cultura deportiva del más alto nivel, y luego te toca ver los mamarrachos deportivos colombianos tipo selección Colombia de fútbol en eliminatorias para mundial te pregunto: ¿Por qué crees que en Colombia hay tantas instituciones deportivas con esos niveles tan escandalosos de amor por la mediocridad? y ¿Qué crees que podemos hacer los ciudadanos del común para ver a más deportistas triunfar así como tú?
Respuesta: Creo que los deportistas deben trabajar mucho. Sacrificarse. El sacrificio no solo por ellos sino por la familia. Cuando empiecen a pensar más en la familia creo que empezaran a interesarse más en lo que tienen que hacer para surgir. Y amor. Si es la selección Colombia amor a la patria. Si es futbolista, amor al club. Pero, sobre todo, mucho respeto a los fanáticos.
Pregunta de Yihtzhak Shamir Lacombe Barraza en el chat de el heraldo de barranquilla despues de ganar el tercer juego de la serie Mundial a los Rangers de Texas.
TODAS LAS COSAS QUE UNO SE PROPONE HACERLAS EN LA VIDA SE PUEDEN REALIZAR. PERO ES IMPORTANTE TENER CLARO QUE NO DEPENDEN DE LOS DEMAS SI NO DE MI.
¿Factores que determinan quién gana y quién pierde?
Los entrenadores deben reconocer que existen dos factores principales que determinan si un atleta o equipo gana una determinada competición:
1. Lo bien que se desempeña el atleta y/o el equipo en una competición específica.
Todo individuo y/o equipo es capaz de cierto nivel de desempeño. De qué manera el atleta utiliza esa capacidad durante la competición es el factor principal de la victoria.
El desempeñarse a un nivel que no es el óptimo puede abrirle la puerta a la derrota.
2. Programación.
Aunque pueda parecer obvio, el siguiente factor importante es la calidad de la competición.
Los competidores inferiores pueden, y a veces de hecho logran, ganarle a atletas superiores, pero no se puede disputar el papel poderoso que tiene la programación en el ganar o perder.
Una vez que se ha establecido el programa y se conoce al oponente, el desempeño se convierte en el factor determinante. Cuando los atletas o equipos se desempeñan a su máximo potencial en general obtienen la victoria contra adversarios más débiles.
Esto no puede aseverarse con certeza porque la victoria puede ser esquiva. La incertidumbre y el misterio del resultado es sin duda lo que le da al deporte gran parte de su intriga y magia. El ganar es un desafío.
Sin embargo, en el mejor de los casos, sólo el 50 por ciento de los participantes pueden obtener la victoria en una competición deportiva. Sólo un equipo sale victorioso.
¿Significa esto que todos los demás se convierten en perdedores? ¿No existe acaso la oportunidad de obtener logros, satisfacción y diversión sin ganar? ¿Es realmente el ganar la meta final del deporte, o existe acaso un objetivo más importante y una meta más alcanzable?
LA VICTORIA COMPARADA CON EL ÉXITO.
Todos tienen la oportunidad de alcanzar el éxito si dicho éxito se define como el des empeñarse a su máxima capacidad, en vez de concentrarse solamente en el resultado de una determinada competición.
El enseñar a los atletas a concentrarse en el éxito en vez de la victoria alimenta los factores que en última instancia llevan a ganar la competición.
Éxito = Capacidad + Preparación + Esfuerzo + Voluntad+
Capacidad: Todo el mundo posee capacidad, pero no está distribuida igualitariamente ni de manera predecible. Esto es válido tanto para los entrenadores como para los atletas. Muchas veces la capacidad es un don de nacimiento, pero eso no garantiza ningún éxito. El desafío no es el tener capacidad, sino desarrollar y utilizar la capacidad que tenemos.
Preparación: Podemos utilizar nuestras capacidades mejor si invertimos en prepararnos. El talento virgen sólo puede transformarse en capacidad mayor a través de un proceso de preparación consistente y persistente. En el fútbol, esta preparación se denomina entrenamiento. A través del entrenamiento apropiado, los atletas se vuelven más veloces, fuertes, capacitados, hábiles, seguros de sí mismos y mentalmente fuertes. Pero aunque es importante desarrollar una capacidad mayor, el hacerlo no garantiza la victoria en una competencia.
Esfuerzo: La capacidad desarrollada alcanza su potencial cuando es expresada a través del desafío de la competición. Dicha expresión se logra cuando el esfuerzo mental y físico nos permite utilizar cada gramo de nuestra capacidad. Aún así, muchas veces los atletas llegan a las etapas finales de la carrera agotados, habiendo dado todo lo que ellos creen posible, pero necesitando un poco más. ¡En el mundo del deporte, esto se llama… el momento de la verdad!
Voluntad: El momento de la verdad es real, tanto en el deporte como en la vida. Es el momento en que uno cree que ha dado todo lo que puede, pero se da cuenta que se necesita todavía más para alcanzar la victoria. Muchas competiciones atléticas se ganan o se pierden en este momento decisivo. Algunos atletas son capaces de utilizar una fortaleza interior para hacer un esfuerzo aún mayor que el que creyeron posible.
Estos atletas usan su voluntad y tienen el poder de utilizar su reserva personal una y otra vez de ser necesario.
Los atletas y los equipos alcanzan el éxito cuando se entrenan duro para desarrollar su capacidad, se esfuerzan todo lo posible en la competición y demuestran la voluntad necesaria para exigirse más allá de los límites impuestos por ellos mismos.
Muy a menudo, los entrenadores y atletas se pierden la oportunidad de experimentar el orgullo y la satisfacción del éxito porque le dan demasiada importancia al ganar.
Más a menudo, los entrenadores y atletas pierden la oportunidad de ganar porque no logran primero ser exitosos.
ALCANZAR EL ÉXITO:
A diferencia de lo que sucede con la victoria, el atleta puede experimentar el éxito todos los días. Sin embargo, no se lo alcanza fácil o inmediatamente. Los atletas deben ser entrenados para desarrollar específicas actitudes personales como requerimiento para alcanzar el éxito. Robert Goodwin, entrenador de fútbol de la Universidad de St. Lawrence, identificó seis de esas actitudes:
1. El deseo de esforzarse para alcanzar la excelencia.
2. La comprensión de que nada valioso puede alcanzarse sin trabajo duro ni dedicación.
3. El deseo de desplegar confianza en sí mismo.
4. El deseo de mostrar las capacidades propias en la competencia.
5. El deseo de cooperar como parte de un equipo.
6. El deseo de divertirse.
EL DESEO DE DIVERTIRSE:
El deseo de divertirse requiere atención especial. Los deportes deberían ser divertidos tanto para los atletas, como para los entrenadores. La oportunidad de divertirse está constantemente identificada por los estudiantes como el incentivo número uno para participar en deportes en la escuela secundaria. Pero la diversión a la que hacemos referencia no es la diversión sin sentido que observamos en nuestros vestuarios, en el ómnibus, o en fiestas organizadas por los equipos; sino el orgullo, satisfacción y realización que un joven experimenta al mejorar su fortaleza, velocidad y capacidad luego de horas de entrenamiento y práctica. Es la emoción y el entusiasmo que se experimenta al alcanzar un nuevo logro personal en la competición. Ésta es la diversión que buscan todos los atletas y entrenadores: la diversión de sentirse bien con uno mismo.
Cuando los atletas experimentan este tipo de diversión, se sienten consumidos por el deseo de experimentar más… preferentemente lo antes posible. La actitud más importante que enseñan los entrenadores puede ser desarrollar este deseo de diversión.
Cuando los atletas han satisfecho el deseo de divertirse, son más propensos a:
• Esforzarse con todo su corazón para alcanzar la excelencia.
• Dedicarse al entrenamiento duro en forma persistente y consistente.
• Mostrar la confianza en sí mismo que requiere entrenar y competir entregando lo mejor de uno, al tomar decisiones difíciles y hacer sacrificios.
• Estar ansioso por mostrar su capacidad en la competición, sin miedos ni duda sobre sí mismo.
• Ganar fortaleza personal al respetar, ayudar y preocuparse por sus compañeros de equipo.
Entonces ¿respecto de ganar?
¿Dónde debería ubicarse entonces la victoria en nuestra filosofía de entrenamiento?
Como mencionamos antes, casi todos los entrenadores preferirían ganar todas las competencias. Sin embargo, si nos enfocamos con realismo, es importante que esos entrenadores admitan que no interesa mucho si nuestros equipos ganan o no todos los partidos. Lo que sí importa es que ganemos la batalla de realzar la vida de nuestros atletas mediante la experiencia de participar en el fútbol. Para los entrenadores, ésta representa la mayor victoria que pueden obtener. Ésta es la verdadera medida de lo que significa el éxito en la profesión de entrenador.
CONDICIONAR EL ENTORNO:
La mayoría de nosotros cree que los deportes enseñan a los participantes grandes ideales y admirables cualidades personales tales como orgullo, valor, confianza y respeto. Lamentablemente, esto no siempre es verdad. Ninguno de estos ideales y atributos son inherentes al deporte. Es el entrenador quien enmarca la experiencia de participar en deportes dentro del ambiente que él crea para su programa. Por cada atleta que sintió orgullo por el deporte, existen otros que experimentaron la crítica implacable y el ridículo por parte de sus entrenadores. Por cada atleta que adquirió valor por la competición, existen otros controlados por el miedo al escrutinio intenso y a las grandes esperanzas que sus entrenadores depositan en ellos. Muy a menudo, los atletas desarrollan actitudes tales como falta de respeto, odio y venganza hacia sus adversarios, autoridades, compañeros de equipo y entrenadores.
El deporte es tierra fértil para el aprendizaje. Los entrenadores, tanto buenos como malos, son maestros eficaces. Las lecciones que se aprenden, se aprenden bien.
Consciente o inconscientemente, el entrenador idea y controla su ambiente deportivo.
Cada entrenador es alentado a invertir tiempo y esfuerzo significativo en crear un ambiente que alimenta el orgullo, la seguridad, el valor, el respeto, la responsabilidad, la confianza, la preocupación por el prójimo, el liderazgo y otros atributos que considere importantes. Estos atributos deben reflejarse y constantemente reforzarse con las actitudes, palabras, acciones y el comportamiento del entrenador.
ALGUNAS IDEAS ACERCA DE SABER CÓMO COMUNICARSE.
Sin duda alguna, la clave para ser un entrenador exitoso reside en la capacidad de comunicarse eficientemente. La comunicación es un proceso en el que intervienen dos partes: el emisor y el receptor. Se desarrolla de varias maneras, algunas en forma explícita y otras en forma sutil. Los entrenadores se comunican con sus atletas a través de lo que dicen, lo que escriben, lo que hacen, y cómo se comportan. Para comunicarse eficientemente, los entrenadores también deben recibir comunicación por parte de sus atletas; es decir, deben escuchar.
Pautas para mejorar su capacidad de comunicación :
• Comprender que la responsabilidad de cualquier tipo de comunicación reside en el emisor, no en el receptor.
Si usted considera importante hablarles y escribirles a sus atletas, asegúrese que se entienda el mensaje, repitiéndolo, reforzándolo y revisándolo. La comunicación debe ser un proceso en marcha, especialmente si se trata de atletas de la escuela secundaria.
• Comuníquese con aquellos que se encuentran en un nivel inferior tal como lo haría con aquellos en un nivel superior.
A menudo algunos entrenadores inconscientemente se comunican con atletas más jóvenes o inferiores en una manera condescendiente o degradante. Pregúntese si las palabras que utiliza, el tono de voz y la forma en que se expresa reflejan el tipo de actitud y respeto que le gustaría a usted recibir cuando se comunica con su director de deportes.
• Comuníquese con sus atletas en forma regular, coherente y detallada.
Facilite la comunicación realizando, como mínimo, una reunión de equipo por semana, para que sus atletas puedan anticipar o prever ciertos mensajes. Evite hablarles simplemente a sus atletas. Aliéntelos a que hagan preguntas y participen.
• Instruya constructivamente.
Muy a menudo, a los atletas sólo se les remarca lo que están haciendo mal. Resulta más importante, y mucho más eficaz, decirles cómo hacerlo bien al:
• Reforzar lo positivo.
• Elogiar lo que sus atletas realizan bien, preparándolos para recibir su próxima instrucción.
• Explicar el error y cómo corregirlo.
Sea específico y conciso. Los atletas sólo pueden procesar una cantidad limitada de información por vez. Sea paciente y tanga cuidado de no mostrarse frustrado.
• Reforzar lo positivo.
Agregue instrucciones entre dos comentarios positivos, para no prestarle demasiada atención a la corrección continua.
COMPRENDER LA MOTIVACIÓN
La motivación se origina dentro de la persona. La motivación no puede ser dada a alguien, sino que se la alimenta, se la nutre y se la desarrolla. La palabra motivación deriva de la palabra motivo, que es el deseo de satisfacer una necesidad. La primera necesidad que todos tenemos es la necesidad de sentirnos útiles. Nuestra autoestima se realza mayormente por sentimientos de aptitud, realización y aceptación. En pocas palabras, nos sentimos mejor con nosotros mismos cuando sentimos que somos buenos para algo. Trabajamos firmemente para mejorar en áreas donde creemos que tenemos el potencial para el éxito. Cuanto más nos esforzamos en mejorar, más se realza nuestra autoestima a medida que crece nuestro sentimiento de aptitud. Los logros y el reconocimiento refuerzan nuestra dignidad. También medimos nuestra autoestima a través de la aceptación de otros, especialmente a través de la sensación de pertenencia a un grupo de pares.
La necesidad de sentirse valioso es el elemento único y más poderoso de la motivación. Debería advertirse fácilmente por qué los deportes son un vehículo perfecto para estimular el sentido de autoestima de las personas. Sin embargo, debido a que unos pocos resultan campeones, existe el peligro de que los atletas identifiquen la autoestima con la capacidad de ganar una competición. El mensaje para el entrenador es el siguiente: a pesar de que no podrá hacer que todos sus atletas se sientan talentosos, podrá lograr que se sientan más competentes. A pesar de que no podrá hacer que todos sus atletas sientan que han alcanzado muchos logros, advertirá que cada uno de ellos tiene cierta sensación de éxito real. Lo que puede garantizar, es que cada uno de sus atletas se sienta importante y aceptado. No les exija que se ganen su aceptación. Acéptelos incondicionalmente. Hágales saber que está bien que cometan errores. Si les otorga a sus atletas la seguridad de tener su tiempo, energía, interés, fe y confianza, se sorprenderá de las grandes cosas que ellos se atreverán a hacer.
Todo atleta que se precie sabe que, para lograr dar lo mejor de sí, no puede depender sólo de sus capacidades físicas. La velocidad y la eficiencia en la toma de decisiones son tan esenciales como las primeras. Dos investigadores de la Escuela de Optometría de la Universidad de Montreal han descubierto cómo entrenar el cerebro de los atletas para mejorar su rendimiento deportivo.
El profesor Jocelyn Faubert y su colaborador David Tinjust, hicieron pasar a una docena de jugadores de fútbol, tenis y hockey a través de una serie ejercicios de seguimiento de objetos múltiples. La capacidad de los atletas para absorber mucha información simultáneamente y procesarla eficientemente aumentó por término medio en un 53 por ciento.
En uno de estos ejercicios, se pidió a los voluntarios en un entorno virtual automatizado que siguieran los movimientos con velocidad creciente de una serie de pelotas, y que identificaran a aquellas que cambiaban rápidamente de color. Después de cada sesión de entrenamiento, de una hora de duración, se registraban los resultados y de esta manera los atletas podían ver su progreso. "Es como un entrenamiento físico, pero para el cerebro", aclara Faubert.
En sus entrenamientos normales, los atletas pueden evaluar su nivel de rendimiento físico, pero hasta ahora no existían herramientas que permitieran medir su eficiencia cognitiva. Si un o una atleta se siente física y mentalmente preparado, esto se reflejará positivamente sobre su actuación.
Originalmente, la herramienta fue empleada para ver cómo actuarían las personas de edad avanzada o aquellas con problemas de visión en un ambiente virtual. Por ejemplo, ¿cómo podrían seguir el camino adecuado a través de una multitud de viandantes, o del tráfico? Los investigadores decidieron adaptar el proceso a atletas de alto rendimiento y entonces transferir los conocimientos científicos a herramientas virtuales de entrenamiento.
En este planteamiento, los atletas pueden usar un casco virtual que les permite entrenar en cualquier lugar. También pueden llevar cibergafas y ciberguantes, y, mientras ven imágenes superpuestas, pueden practicar movimientos complicados con un adversario ficticio. Cada movimiento de las manos, los pies y la cabeza es grabado con sensores.
Bangsbo (1994) sugirió que los programas de entrenamiento para jugadores de fútbol jóvenes deberían apuntar a mejorar las habilidades técnicas más que al acondicionamiento físico. Los resultados del presente estudio indicaron que los juegos de tres por tres brindan un mejor estímulo para el acondicionamiento físico que los de seis por seis. Además, proporcionan un mejor estímulo para la mejora técnica, pues se observaron más acciones técnicas. De manera similar, Platt et al. (2001) respaldan la promoción del juego de tres por tres para los jugadores jóvenes. Esto no indica que el uso de los juegos de seis por seis como parte del entrenamiento específico del fútbol sea innecesario. En cuanto a la cantidad de jugadores y el tamaño de la cancha, el juego de seis por seis se acerca más a las condiciones de juego reales que el juego de tres por tres. La sugerencia es que los juegos de tres por tres podrían ser mejores para el desarrollo de la técnica y el de seis por seis para el rendimiento táctico. Es necesario que se realicen más investigaciones para evaluar la sugerencia mencionada.
Una limitación de este estudio ha sido que el tiempo se midió con cronómetros. Para justificar esto, quienes han tomado el tiempo han sido investigadores experimentados, lo cual se refleja en los coeficientes elevados de la confiabilidad test-retest para todas las pruebas aplicadas en el presente estudio. Otra limitación de este estudio es que se ha evaluado la capacidad de esprint utilizando un test de esprint en 30 m. Aunque esto brinda un índice general de la capacidad de esprint, no simula el rendimiento de esprint durante un juego real, pues los jugadores a menudo realizan carreras rápidas y cortas de aceleración progresiva, en lugar de esprints máximos de 30 m. Por lo tanto, podría ser más importante la habilidad de esprint en distancias más cortas. Por consiguiente, aunque estos resultados sugieren que la capacidad de esprint se alteró tras las dos situaciones de juego, un estudio futuro que incluya una prueba de esprint de 10 m podría brindar información adicional útil sobre las adaptaciones de la capacidad de reacción y aceleración de esprint a las diferentes condiciones de juego de fútbol.
CONCLUSION: El presente estudio indicó que los jugadores de fútbol muestran niveles de alta intensidad cuando participan de juegos en espacios reducidos. Como resultado, se observó una disminución en los resultados de los tests de campo. Los juegos de tres por tres afectaron el rendimiento del esprint y de agilidad. En contraste, los juegos de seis por seis tuvieron menos efecto sobre el rendimiento físico en los tests de campo. La sugerencia mencionada acerca de que la utilización de los juegos de tres por tres para mejorar la aptitud física y la técnica en los jugadores de fútbol jóvenes puede resultar más apropiada. Puntos Claves: a.. Los juegos de tres por tres muestran una HR mayor en comparación con los juegos de seis por seis.
b.. En los juegos de tres por tres los jugadores realizaron más pases cortos, golpeos, dribblings, tackles y anotaron más goles en comparación con los juegos de seis por seis.
c.. La desmejora en el rendimiento de resistencia y en los tests de campo se observó principalmente luego de los juegos de tres por tres.
d.. Se recomienda la utilización de los juegos de tres por tres para desarrollar la aptitud física y la técnica en los jugadores de fútbol jóvenes.